Hoy nos damos un paseo por la capital polaca. Así nos explican en el reverso de estos marcapáginas su convulsa historia:
«Los orígenes de Varsovia se remontan al siglo XIII y, en menos de cien años, ya se había convertido en un importante asentamiento defensivo de Mazovia. Sin embargo, no fue hasta finales del siglo XVI cuando adquirió el estatus de capital de Polonia, y el posterior desarrollo de Varsovia se vio pronto frenado por la invasión sueca. No fue hasta el reinado de Stanisław August Poniatowski (1764-1795) cuando se produjo un nuevo auge económico y cultural, aunque este supuso el canto del cisne para Polonia, ya que el siglo XVIII concluyó con la partición del país entre Rusia, Prusia y Austria, quedando Varsovia asignada al sector ruso.
Polonia no volvió a resurgir como país independiente hasta 1918, con Varsovia como capital. Por desgracia, el frenético desarrollo de la época se vio pronto interrumpido por la Segunda Guerra Mundial y una prolongada ocupación alemana. Se luchó contra ella a partir del 1 de agosto de 1944, en el famoso Levantamiento de Varsovia, pero este fracasó lamentablemente y, en una terrible represalia, la orgullosa ciudad quedó en gran parte reducida a escombros. Sin embargo, Varsovia renació, gracias a nuevas construcciones, pero también a la fiel reconstrucción del Casco Antiguo y a lo largo de las calles Krakowskie Przedmieście y Nowy Świat. Más adelante aún, la ciudad recuperó su Castillo Real y otros edificios que recuerdan a los de antaño».
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